El abuso del teléfono móvil entre adolescentes está generando preocupación por su impacto en la salud mental y el desarrollo. Muchos menores pasan horas frente a las pantallas, lo que afecta sus rutinas básicas como dormir, practicar deporte o socializar cara a cara. Según estudios, la mitad de los jóvenes usa el móvil para aliviar emociones negativas como tristeza o soledad, dedicándose principalmente a redes sociales, videos en YouTube o juegos. Este uso excesivo se asocia a trastornos como ansiedad, estrés y depresión, impulsados por la presión social para conseguir aceptación en redes.

Para abordar este problema, se recomienda retrasar la edad de acceso al móvil (idealmente después de los 16 años), controlar el contenido y tiempo de uso, y establecer acuerdos familiares sobre su manejo. Además, crecen las alternativas como la desintoxicación digital en centros especializados y el uso de dispositivos sin conexión. Estas medidas buscan equilibrar los beneficios de la tecnología con un uso más saludable y consciente.

Noticia aparecida en: www.deia.eus.

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