La pérdida del control del tiempo, el síndrome de abstinencia o la irascibilidad son banderas rojas que avisan de que las pantallas dan problemas
En los últimos años, los profesionales de la psicología están observando un aumento de menores que presentan dificultades relacionadas con el uso del teléfono móvil y las redes sociales. No se trata únicamente de muchas horas frente a la pantalla, sino de situaciones en las que el uso empieza a interferir en su bienestar emocional, en el descanso, en el rendimiento académico o en las relaciones familiares y sociales.
Algunas señales que pueden indicar un uso problemático son la dificultad para limitar el tiempo de conexión, el malestar cuando no pueden utilizar el dispositivo, la tendencia a aislarse en su habitación durante largos periodos o el uso del móvil como principal forma de evasión ante problemas o emociones difíciles. En estos casos, el entorno digital puede convertirse en la vía preferente para relacionarse, entretenerse o regular el estado de ánimo.
Los especialistas recuerdan que durante la infancia y la adolescencia el cerebro aún está en desarrollo, especialmente en las áreas relacionadas con el autocontrol y la toma de decisiones. Por ello, los menores pueden tener más dificultades para gestionar de forma equilibrada herramientas diseñadas para captar y mantener su atención.
Es importante transmitir un mensaje de calma: no todo uso intensivo implica una adicción. Sin embargo, cuando el móvil empieza a desplazar otras actividades esenciales como el estudio, el deporte, el descanso o la convivencia familiar conviene prestar atención y buscar orientación.
La prevención pasa por el acompañamiento adulto, el establecimiento de límites claros y coherentes, el fomento de alternativas de ocio saludable y el diálogo abierto sobre el uso de la tecnología.
Noticia publicada en: www.elpais.com.
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