Según la Organización Mundial de la Salud, una adicción es una enfermedad física y psicoemocional que crea dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación.
Aunque tradicionalmente hemos asociado el término “adicción” con las drogas, en los últimos tiempos también las TRICS (Tecnologías de la Relación, la Comunicación y la Información), que forman parte de la denominada ‘revolución digital’, han provocado un consumo abusivo en parte de la población, especialmente la más joven.
En este artículo de Cruz Roja se pone negro sobre blanco algunas conductas comportamentales ligadas a la era 2.0, que han llegado para quedarse y a las que es urgente prestar atención. Empezando por la “nomofobia” el miedo irracional a no disponer de teléfono móvil o no tener acceso a Internet. Es obvio, que este enganche a las herramientas tecnológicas afecta tanto a jóvenes como adultos, pero los jóvenes se encuentran en pleno proceso de formación de su personalidad adulta y son más vulnerables a nivel emocional, por lo que los efectos de esta situación les golpean con mayor virulencia.
El juego online (ludopatía digital) y las redes sociales (dictadura del lik), no generan adicción al azar, se rigen por un diseño en sus aplicaciones destinado a crear adicción por el sistema de recompensa que hacen que se libere en nuestro cerebro un chute de dopamina cada vez que apostamos, interactuamos o recibimos aprobación a través de liks. Somos receptáculos de continua información y todo ello en un marco virtual fuera de los problemas cotidianos. Esto produce aislamiento y distorsión de la realidad que puede desembocar en adición y trastornos comportamentales peligrosos para la salud mental y física.
Como formas de combatir la dependencia digital y sin demonizar a las nuevas tecnologías, Cruz Roja propone: marcar un día a la semana o un tiempo de desconexión; desactivar las notificaciones para evitar mirar cada vez que llegue una; establecer un momento del día para revisar las redes, a poder ser cuando no se esté con gente; equilibrar las relaciones online y offline. Así como crea espacios de afinidad online donde los adolescentes y jóvenes activen su capacidad de empoderamiento positivo.